domingo, 1 de noviembre de 2015

Historias del Camino

La Castaña, el Magosto y Samaín

Nos encontramos en uno de los grandes momentos del año. En concreto, en uno de esos períodos, tan festejados desde antiguo, a mitad de camino entre los equinoccios y los solsticios o los solsticios y equinoccios. En este caso hablamos del antiguo Samaín, ecuador entre el Equinoccio de Otoño y el Solsticio de Invierno en el hemisferio norte, momento en el que, según nuestros antepasados, el mundo de los vivos y el de los muertos se entrecruzan.

Una de las celebraciones típicas en estas fechas son los magostos (magusto en Portugal), denominadas también como calbotes, calbotadas, calbotás, o carvochás, que consisten en el asado de castañas, el alimento estrella en estas fechas y que, junto a la bellota, alimentó a la humanidad desde la Prehistoria. Estas fiestas se celebran, actualmente, sobre todo en las zonas que fueron de influencia asturleonesa, aunque tambien se dan en Cantabria, Aragón o Cataluña.
El fruto del castaño nos recuerda a las largas noches invernales que ya se avecinan, donde las familias se reunían alrededor del fuego, contando historias mientras se asaban las castañas. Pero dejemos que sea Miguel Herrero Uceda, quien nos cuente, a través de las siguientes líneas extraídas de su libro "El alma de los árboles", sobre esos mágicos momentos tristemente robados a través de ese intruso llamado televisión, el cual se apropió de la intimidad de los hogares, aniquilando la tradición oral entre sus integrantes:
En las largas noches, desde que las hojas de los castaños se han teñido de amarillo y el frío hace su aparición, se espera el momento de asar castañas. Toda la familia se reúne en torno al fuego, mientras se oye en la lejanía el estremecedor aullido de los lobos hambrientos que bajan hacia el valle. Al calor de las llamas, las castañas poco a poco se van tostando. Los ojos están fijos en las chispas que saltan al aire. Entonces uno, de los que más ha vivido, dice: recuerdo que una vez me contaron que en una noche como esta... Los más pequeños le miran ensimismados, con la boca abierta y los ojos redondos, procurando no perder detalle de ese relato que pasado el tiempo contarán a sus nietos. El castaño, cuentos al amor del hogar.

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