domingo, 3 de agosto de 2014

Reflexiones Peregrinas



 
La soledad buscada y requerida, los pies descalzos, liberados del ardor de la larga travesía, la espalda sin mochila compañera, el cuerpo detenido, el alma recobrando pulsaciones. La mirada, tal vez, absorta en una guía que anticipa lugares y distancias. Aunque sabe el peregrino que, después, sus pasos serán guiados por la magia, por las huellas de otros peregrinos, por el sol que acompaña y que calienta, por el faro de las flechas amarillas.
Un alto en el Camino. Siempre necesario para seguir andando. Con las botas cobijando los pies reconfortados. Con la mochila compañera en la espalda. Con el alma desbocándose a cada paso.

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