sábado, 25 de diciembre de 2010

Editorial

Engañar al peregrino y hacer el adefesio

Todos sabemos que el Camino está jalonado de muchas curiosidades, más o menos atractivas. Entre otras, de unos individuos vestidos folklóricamente, que haciendo el adefesio, para solaz de peregrinos con ojos de turista, se ganan la vida no siempre de modo claro y desde luego, en muchos casos, carentes del menor espíritu peregrino.
Se enfundan un disfraz, más o menos antiguo, se dejan crecer las barbas, se cuelgan un par de veneras y se las dan de haber realizado gestas peregrinas que sólo se creen los tontos o los niños, aunque es dudoso que los críos, a estas alturas de la vida, se traguen las bolas y patrañas de los susodichos.
Algunos de ellos, los menos peligrosos, se conforman con un convite a un copazo de ribeiro o de orujo en cualquier taberna compostelana. ¡No es, ni mucho menos, lo peor que uno puede encontrar!
Los de esta categoría, son más o menos inofensivos y forman parte del paisaje compostelano, hasta el punto de que las autoridades locales o regionales les pagan la confección de nuevos disfraces de vez en cuando. Pero es sabido que a los políticos, que les preocupa cuán raído vaya el disfraz de peregrino callejero, no les afecta tanto cargarse metros y metros de un sendero conservado milagrosamente desde la edad media, en aras de un supuesto desarrollo, que no es tal, sino incuria y codicia.

Y sobre todo pasan olímpicamente de los verdaderos peregrinos.
Por eso y por otras muchas cosas, esos políticos se han hecho merecedores del dudoso título de tercer problema nacional, según las encuestas, y también de responsables de los atropellos que han movido a decenas de entidades y asociaciones jacobeas a pedir a la UNESCO que coloque al Camino en la lista del Patrimonio de la Humanidad en Peligro, también conocida como lista de la vergüenza.
Porque vergüenza es lo que hay que sentir a menudo ante las cosas que vemos que ocurren en el Camino. ¿O no es para sentir vergüenza descubrir que de vez en cuando, y cada vez con mayor frecuencia, hay mujeres peregrinas que sufren agresiones y vejaciones a manos de mamarrachos de los que jalonan las Rutas Jacobeas?
¿De qué sirven tantos departamentos de Igualdad o de Igual Da, si al final se siguen registrando agresiones a pobres peregrinas, casi siempre extranjeras, por el hecho de decidirse a transitar solas o en compañía de otras, por una senda en la que les precedieron cientos de miles de personas durante más de mil años?
¿Pero que tipo de alimañas se permite que aniden al borde del Camino?
Antiguamente, se recomendaba al peregrino llevar un palo o bordón para defenderse de los perros salvajes. Hoy el palo debería servir más bien para defenderse de auténticas bestias humanas, que no reciben en muchos casos más que una amonestación o una advertencia de parte de quienes son responsables de la seguridad… O ni eso, porque muchas peregrinas y mujeres del Camino optan por callar, en vez de denunciar el acoso y la agresión…
Pues bien, en algún caso se da la circunstancia que el payaso disfrazado de turno, jaleado para que haga el indio por políticos sin mucho fondo, se llega a creer tan importante, que es él quien da rienda suelta a sus instintos lúbricos con las peregrinas más o menos guapas que pasan por donde sienta sus reales…
Seguro que más de una de ellas, si lee esto, se reconocerá sin problemas. Pero hay que decirle que más que víctima es también cómplice del personaje de marras, por no denunciarlo y ayudar a que terminen sus andanzas. Ya que no haciéndolo, por miedo o por compasión, no hace otra cosa que exponer a otras compañeras a la vejación del baboso, porque eso y no otra cosa es quien se ampara en las vieras y los hábitos, para poner cerco a las mujeres.
Y con ese comportamiento, que además acompaña del timo, la exageración y hasta el robo, el istrión del disfraz no hace más que el adefesio. Pero un adefesio tolerado y hasta animado para atraer al turista. ¡Como si el Camino no tuviese mejores alicientes que un cantamañanas disfrazado con unos hábitos que no hacen al monje y con unas kilométricas credenciales, que no prueban que haya dado más de diez pasos seguidos por la ruta jacobea!
Ahora que termina el Año Santo ¡A ver cuando nos libran los que pueden y deben de los adefesios y defienden el verdadero Camino! Porque cargarse metros y metros de Ruta Jacobea es como rasgar una obra maestra de Rubens y colocar unos aerogeneradores en un bosque, pintados de motivos jacobeos, es como añadir unos brochazos al cuadro de Las Meninas. Y dejar a un payaso en celo suelto a la entrada de una ciudad del Camino, es exponer a las mujeres peregrinas a que las traten como rameras
.

No hay comentarios:

Publicar un comentario