sábado, 27 de junio de 2015

Camino Francés

Foto de Antoine Nolla. Escritor.
Tomás Martínez de Paz, 22 años siendo Tomás de Manjarín en su encomienda templaria
 
 
 
 
 
 
 
Tomás Martínez de Paz llegó a Ponferrada el 8 de Agosto del año 1986 para esperar a una comitiva de templarios de Madrid que venían haciendo el Camino de Santiago e iban hacer un acto ceremonial en el castillo donde incluía el ondear el Beaucens (estandarte de la Orden de los Templarios) en lo más alto de su torre. 
El día anterior decidió dormir en el castillo y cual fué su sorpresa que durante la noche según nos cuenta él empezó a escuchar cantos gregorianos sin descubrir su procedencia. El día 15 de Agosto llegó la comitiva de templarios de Madrid y se realizó el acto.
Dos años después ya en octubre decidió quedarse a vivir en Ponferrada con la seguridad que encontraría otros hermanos de la Orden en la zona.
Tomás nació en Murias de Rechivaldo en 1944 y como todos los de la zona, emigro a Madrid a trabajar el pescado. Vivio en la capital 38 años hasta que me hartó de la gran ciudad y de la sociedad de consumo y volvio para recuperar sus raíces. 

Estuvo cinco años dando vueltas alrededor de Manjarín. Vivio como ya hemos dicho primero en Ponferrada y luego en el Valle del Oza, donde las cosas le fueron muy mal. Por aquel tiempo se había formado una pequeña asociación, el Círculo Templario de Ponferrada, donde fué entrando en contacto más directo con la peregrinación. 
Por una senda paralela a la carretera, desde la Cruz de Ferro situada a unos exactos 1500 metros de altitud. Y a dos kilómetros y trescientos metros llegó a Manjarín. El pueblo estaba completamente derruido. En otro tiempo tuvo hasta un hospital de peregrinos. Es más que probable que Manjarín haya sido un punto de cambio de caballos cuando subían el oro de las Médulas, pues es el mejor sitio después de la dura subida desde El Bierzo, además de existir en esa época una herrería.
A Tomás le dieron unas fincas para trabajarlas y el 27 de Junio del 1993, decidió empezar a dar café a los peregrinos. Sin duda se convertió en el albergue más característico de todo el Camino. Su primer invierno fue el peor de todos. El Jueves Santo de 1993 tenían un metro y medio de nieve y hasta llegaron a tener una temperatura de –14ºC.
Uno de sus primeros trabajos fué intentar recuperar la fuente del pueblo, cuya base es romana, y que lleva haciendo servicio desde hace 2.000 años.
Desde entonces el Temple sigue allí.
(del libro “Manjarín , una Luz en el Camino” de Antoine Nolla)

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