miércoles, 1 de julio de 2009

Manu da masajes gratis a los peregrinos que pasan por Arnuero
Santander.- "O los atiendo aquí o voy yo mismo a los albergues, allá estoy donde me necesiten»
Estaba escrito que el guipuzcoano Manuel Alvarado, más conocido como Manu 'el masajista', acabaría aportando su granito de arena a la montaña del Camino de Santiago. Hace dos años y medio que dejó Durango y se fue a vivir a Castillo (Arnuero) con su mujer, con el afán de sustituir «el asfalto por las vacas» y vivir más tranquilo con su pequeña consulta terapéutica, profesión que comenzó a ejercer hace unos años una vez prejubilado de su anterior oficio de mecánico. Ignoraba aún que por la casa de sus sueños pasaba el Camino y, por él, los doloridos pies de los peregrinos en la etapa de Santoña al albergue de Güemes.
Para llegar a su casa es necesario desviarse de la carretera general y optar por la vía que discurre en paralelo, la calle La Pedrosa, a la que también se accede desde la ermita de San Pantaleón. Bien visible, un cartel con una concha de vieira en la que anima a llamar al timbre a todo aquel que necesite 'ayuda sanitaria o psicológica'. Está colocado en su verja para recibir a la avalancha de peregrinos que se espera a partir del verano.
La ilusión por ofrecer sus servicios comenzó el año pasado, cuando atendió a un matrimonio catalán que hacía el Camino con dos hijos. «Él no daba un paso. Vio que yo tenía una clínica, entró y le ayudé a bajar la inflamación», cuenta. Aliviado, el hombre pudo continuar la ruta hasta Santander. Meses después, a Manu le llegó una carta de agradecimiento y un gran regalo de esta familia, «y como soy un sensiblero, me dije: hay que hacer algo. Se me ocurrió anunciar mis servicios gratuitos para peregrinos, en español e inglés, y ya he atendido a unos cuantos, y también me llaman de albergues cercanos si alguien me necesita».
En las últimas semanas pasaron por su casa un italiano, un belga y una madrileña. Esta última dejó una nota en el dietario de Manu: «Eres un ángel en el camino. Gracias por ser tan generoso y admirable». A todos los que se tumban en su camilla, a los clientes que pagan y a los peregrinos que no, los atiende con la misma devoción y nadie se va con las manos vacías después del masaje: «les regalo una de mis pomadas, que fabrico yo mismo, o un libro de autoayuda», dice, y financia de su bolsillo las vendas y tratamientos. Y el que no pueda seguir caminando, lo lleva en su propio coche hasta un albergue. No es gratis el viaje: «les hago prometerme que volverán a completar este trozo del camino».
Los diplomas de masajista, hipnosis clínica y terapia neurológica conviven con su 'Compostelana' -ganada cuando hizo el Camino de Santiago con su esposa- en las paredes de su consulta, que está siempre lista para atender al siguiente. Una queja tiene Manu: «Quisiera que vinieran más por aquí, aunque la falta de señalización hace que muchos sigan por la carretera general, con los peligros que hay por el tráfico».

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