domingo, 5 de julio de 2009

Editorial

El Xacobeo de Varela o como romper el espíritu jacobeo

Los planes de la Consejería de Cultura gallega estarían bien, si no fuese porque ni el Camino, ni el propio Año Santo, pueden ser únicamente un negocio. Y sobre todo un negocio en el que lo último que se tiene en cuenta es al peregrino y al espíritu que ha propiciado el renacimiento con fuerza de las peregrinaciones jacobeas.
Dice Roberto Varela, que es el responsable de la Consejería, que éste será un Xacobeo austero. Y eso suena bien, pero no tanto cuando anuncia que van a revisar las “tarifas” que se abonan para pernoctar en los albergues. Le parece a este caballero que los actuales 3 euros son poco, y quizá los doble. ¿Y no tiene nada que decir el presidente Núñez Feijóo?
Cabe preguntarles a ambos ¿a dónde ha ido a parar uno de los ingredientes más edificantes del Camino, como es la hospitalidad? ¿Qué saben los responsables como Varela de lo que ese término significa? ¿O es que lo cuenta es la pasta, como se dice ahora? Sí. Parece que ese es el asunto. Hacer caja, una caja cuanto más abultada mejor, a cuenta del Camino.
Cierto es que los peregrinos de hoy en día no son mendigos. Pero no es menos cierto que hospitalidad es albergar a alguien con generosidad, sin gran interés material, como recompensa por aventurarse en ese camino peregrino. Y así lo entendieron quienes crearon una red de albergues basada en la voluntad, en el óbolo generoso, y no en la tarifa.
Quienes como Varela ven a los peregrinos como una pequeña mina de oro, en realidad lo que están haciendo es deteriorar el espíritu que lleva al Camino a miles de personas. El Xacobeo es así el peor enemigo jacobeo. Y lo mismo sucede cuando planifican un Xacobeo de charanga y pandereta, a base de makro conciertos y otros festivales poco acordes con la paz espiritual que supone la peregrinación.
Lo que sucede es que a Varela y otros como él lo que menos les preocupa son los peregrinos. Su apuesta es por los turistas y sobre todo para hacerse con las bolsas en las que éstos guardan sus dineros. De ese modo, convierten a la Xunta en una especie de nueva banda de pícaros dispuesta a sacar todo el jugo que puedan de peregrinos y otros viajeros. Deberían recrear la figura del asaltante que desvalija al peregrino.
Decía hace pocos días un experto del mundo jacobeo, el profesor Olivier Cebé, que sin peregrinos no hay Camino. ¡Cuánta razón tenía! Sin embargo vemos como muchos responsables y menos responsables parecen tomar decisiones para espantar a los peregrinos, al verdadero alma del Camino. Y otro tanto hacen algunas autoridades eclesiales, más interesadas en las cifras de 10 millones de visitantes, que en cuántos de ellos vienen animados del espíritu que alienta en los peregrinos desde la Edad Media.
Dice Varela que hay que romper la tendencia de que todo es gratuito, porque entonces no se valora. ¿En cuántos albergues del Camino habrá dormido el propio Varela? ¿A cuántos auténticos peregrinos habrá conocido?
Pero claro, ese discurso le suena conocido a los habituales del mundo jacobeo. Es el discurso de los mercaderes, más que de los hospitalarios.
Por fortuna después del Xacobeo el Camino volverá a manos de sus auténticos dueños: los peregrinos. Después de 2010, habrá un 2011 y un 2012 y así sucesivamente. A no ser que la codicia que demuestran estos señores, espante para siempre a quienes peregrinan y les obligue a buscar su ruta en otro lado, porque de un tiempo a esta parte empiezan a proliferar las rutas de peregrinación.
Por mucho que se empeñen, un Camino con luces de neón, conciertos de rock o convertido en parque temático eso es lo que menos interesa al peregrino. Y es a eso a lo que parecen abocarnos estos mercaderes del Camino.

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